74SSIFF: La mirada cuidadosa

Fotograma de “Tender Loving Care” (Mike Leigh, 2026)

Los cuidados se han convertido en una de las categorías fundamentales para pensar nuestra realidad de forma crítica. Lo son hasta el punto de que su significado puede diluirse, su potencia transformadora perderse de vista en la lejanía del lugar común. Ahí es donde puede jugar un papel el arte: para invitarnos a observarlos y pensarlos de nuevo, ponerlos en el centro bajo un nuevo ángulo. 

Así sucede en dos de las obras más monumentales que llegaron a Donosti, que además dialogan entre ellas de manera estrecha: Tender Loving Care, de Mike Leigh (Competición Oficial y ganadora de la Concha de Oro) y All of a Sudden (De repente), de Ryusuke Hamaguchi (Sección Perlak). Tender Loving Care retrata a dos asistentes sociales, también amigas y compañeras de piso; ambas alternan el trabajo con los casos que les asignan y las visitas a los padres de una de ellas, que envejecen con rapidez. All of a Sudden se centra igualmente en una amistad entre dos mujeres, una dramaturga con cáncer terminal y la directora de una residencia de ancianos que se conocen por casualidad y se encuentran en su búsqueda de nuevos métodos para lidiar con la enfermedad y la cercanía de la muerte. Es decir, las dos películas abordan los cuidados desde lo social y lo íntimo a la vez. Esa doble perspectiva les permite indagar tanto en las contradicciones de las instituciones asistenciales bajo un capitalismo implacable como en la importancia fundamental de las redes informales que sostienen la vida. No es pequeño el mérito, y lo logran gracias a una construcción cinematográfica de gran precisión.

Fotograma de “All of a Sudden” (Ryusuke Hamaguchi, 2026)

Ambos guiones construyen una estructura compleja y profunda que, sin embargo, se yergue sutil, sin llamar la atención sobre sí misma. Renuncian a los materiales convencionales de la narrativa y la dramaturgia; en su lugar, sus cimientos están afianzados en la seguridad de un ritmo lento, pausado, con el desorden orgánico de la vida misma. También la cámara se detiene, atenta. Leigh privilegia el primer plano y hace del rostro una presencia total en la pantalla, su expresividad una bisagra entre lo dicho y lo no dicho. Miramos a las protagonistas mirar el mundo, dejarse afectar por él, y el gesto (la mirada, la sonrisa, la lágrima contenida) se convierte en la puerta de entrada para entenderlo. Hamaguchi apuesta por el plano secuencia para dejar que las relaciones se desplieguen: una larguísima conversación durante un paseo de las dos protagonistas nos deja ver cómo nace una amistad en tiempo real y se convierte en el corazón de la historia. En los dos casos, la puesta en escena se pone al servicio de lo humano y sus sutilezas, y se sostiene así sobre un extraordinario trabajo de las actrices, que se convierten en el motor significante de la película.

La RAE define cuidar como "asistir, guardar, conservar", pero también "discurrir, pensar" y "poner atención". Estos dos largometrajes activan todos estos significados, y hacen del cuidado no solo su tema central, sino su manera de hacer, de mirar. El cuidado es fondo y forma, contenido intelectual y experiencia emocional, y recupera así toda su potencia política.

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