Ian de la Rosa, director de ‘Iván & Hadoum’: “Los detalles son los que te permiten hilar un discurso del mundo”
Fotograma de la película Iván & Hadoum (Ian de la Rosa, 2026)
Con motivo del estreno de Iván & Hadoum, conversamos con el cineasta Ian de la Rosa sobre una obra que continúa explorando algunas de las constantes de su filmografía: la observación de lo cotidiano, la construcción de la intimidad y la dimensión política de los cuerpos y los afectos.
En tus primeros trabajos ya hay una atención muy precisa a lo cotidiano. ¿Te interesa capturar lo que pasa desapercibido o revelar lo que normalmente no se quiere mirar?
Sé los cineastas y las películas que me han ido marcando a lo largo de mi vida y no sé si eso tiene algún sentido con lo que luego he conseguido hacer. Pero sí que entiendo que primero parte de algo característico mío personal, del estado de observación en la que he estado desde que tengo uso de razón, y que tiene que ver también con lo trans o con la identidad de género y con lo que te permiten o no vivir o hacer cuando eres peque. Hablando con otras personas trans nos dimos cuenta de esa observación como medio para poder moverte dentro de un mundo en el que no te sientes del todo seguro y no sabes por qué, al menos cuando eres pequeño. Te da un acceso o te da una mirada en la que sí que brillan los detalles. De alguna forma creo que tienes que agarrarte esos detalles para poder hilar un discurso del mundo en el que te desenvuelves.
Tus películas parecen partir más de la observación que del argumento. ¿Recuerdas cuándo empezaste a mirar el mundo como algo que necesitabas filmar?
Soy bastante espectador, pero el cine contemplativo es de lo que menos veo. Me gustan mucho los guiones en los que suceden cosas. Lo que pasa es que luego, como cineasta, sí que la única forma que encuentro de mirar es la que yo haya habitado como persona. Sin ser del todo contemplativo, esa intimidad es la que a mí me interpela y la que yo luego trabajo para generar y transmitir a cámara.
Eso transmiten muchos planos inusualmente largos.
Tiene que ver con la observación, tiene que ver con la intimidad y ante todo me gusta la dirección de actores. Creo que solo dejando el plano largo, dejando la toma que corra, suceden cosas dentro de ese acting que, si cortas, la pierdes. Esos brillos, esa intimidad, ese respirar en el que suceden cosas, solo puedes captarlo si no paras la cámara. Por otro lado, a veces viene de que no puedo hacer más planos porque no hay tiempo ni dinero, entonces tengo que resolverlo todo en uno. Eso significa que tengo que montar, tiene que ser un montaje interno dentro del propio plano. Es decir, si no puedo cortar porque no me da tiempo a hacer el contraplano y todo tiene que suceder en uno, tengo que confiar en lo que sucede dentro, que muchas veces es la magia, ¿no? También de repente eso te otorga ese trazo un poco más personal.
El director Ian de la Rosa, con los actores Silver Chicón y Herminia Loh Moreno
En tu filmografía hay una constante: lo íntimo nunca está separado de lo político. ¿Eso surge de forma natural o es una decisión consciente desde el inicio?
Desde el principio, el tema no era lo trans ni lo migrante. No migrante, porque hay mucha gente que cataloga al personaje de Hadoum como migrante, entonces yo les corrijo. No es migrante porque se dice claramente que ha nacido en Almería, por mucho que su padre sea de origen marroquí. Y además tenemos la cuestión de la clase obrera de los invernaderos, que es una industria gigante que mueve muchísimo. De hecho, localizando, ni nos dejaban entrar en las potentes de verdad. Es un espacio totalmente cerrado que tiene miedo a ser visto porque hasta ahora la forma de representación de esa industria ha sido totalmente negativa en reportajes. El conflicto de la envasadora de por sí tiene otra película y Hadoum tiene otra película. Y durante el proceso de escritura, uno de los grandes ejercicios que tenía que hacer continuamente en cada versión era colocar bien estos dos huracanes, porque en cuanto les dabas una escena de más se comían la película. Lo más fácil era hacer una película sobre la envasadora o sobre Hadoum siendo una sindicalista de la hostia. La primera versión era de eso, hasta que fue un ‘vale, muy bien, me gusta, pero me suena panfletario y además no estoy contando la historia que yo quiero contar realmente’. Al final sólo el plantearte hacer una historia de amor entre estos dos tipos de identidades y de cuerpos ya es político.
La decisión de no querer ser político es una posición política.
La decisión de no querer ser político es doblegarse al poder, es no cuestionar nada, es crítica cero, es perpetuar una hegemonía. Todo lo que hubo en el Festival de Berlín, esas declaraciones evidentemente son políticas. No creo que nadie considere que el cine no es político. O sea, por mucho que allí dijeran lo que dijeran, yo creo que es evidente que Transformers 4 también es político. Y muy político.
Fotograma de Iván & Hadoum
Durante años, muchas narrativas han necesitado convertir ciertas identidades en conflicto. Eso no sucede en Iván & Hadoum ¿Sientes que romper con esto es parte de esa política o, por la contra, es simplemente consecuencia de la normalización?
También había una cosa mía de intentar liberar a los personajes trans de su deuda social y familiar por ser quienes son. Solo plantear una historia de amor entre estas dos identidades, dos personas, dos cuerpos, es que no había ni que poner en envasadoras ni invernadero, es político. Pero no tiene que ocuparlo todo.
Una historia de amor que no organiza el relato hacia una resolución, sino que queda expuesta a transformaciones que no necesariamente la fortalecen. ¿Hay en la película una desconfianza hacia la idea de que el amor pueda sostenerlo todo?
Es que el amor muchas veces no lo puede todo. Pero sí les hace apostar por un amor que te hace crecer y que te libera de ciertas cadenas que ni te das cuenta de que las tienes, más allá de ser trans. También esta cuestión política tiene que ver con el capitalismo en el amor y como está profundamente arraigado en lo queer. En el fondo lo queer viene de un cuestionamiento político integral, no solo de una identidad o una expresión de género. El personaje de Iván por fin despierta y empieza su conciencia de clase a través del amor. Tío, tú solo no te puedes salvar, tú tienes que ser colectivo y además, bueno, es que no eres normativo y es genial. Y tienes que aceptar que por mucho que lo aparentes, no lo eres. Eso es algo muy concreto en lo transmasculino, aunque en lo transfemenino también pasa. Nosotros lo tenemos más fácil para pasar desapercibidos y eso es un riesgo. Por un lado es algo que nos salva y por otro es un riesgo de olvidar que realmente somos una especie de diáspora de género, ¿no? O sea, como que está bien y que tenemos que seguir recordando que precisamente una de las grandes bendiciones de ser trans es poder replantearse todo.
Fotograma de Iván & Hadoum
La película no plantea el poder y el capitalismo como algo externo, es algo que se infiltra en lo íntimo casi sin ser percibido. ¿Es esa invisibilidad lo que lo hace más inquietante?
Muchas veces... Sí, sí, te quiero mucho… pero la realidad es que la economía se impone, el dinero se impone, la situación en la que estás se impone. Y precisamente esta película lo que quería mostrar era como la realidad se impone dependiendo de la situación socioeconómica en la que estés. Y el amor muchas veces queda en segundo plano porque necesitas comer. O sea, ¿qué haces? ¿cómo lo haces? En situaciones más precarias, donde la mayor parte del planeta se mueve, los grandes privilegiados son muy pocos.
¿Te parecía más honesto trabajar estos temas desde la ambigüedad en lugar de tomar una posición más explícita?
El espectador es inteligente. Confío en que el espectador entiende porque el espectador lleva siglos, milenios, escuchando historias. No tienes que saber nada de cine, no tienes que haber estudiado, porque llevas toda tu vida escuchando historias. Sabes perfectamente cuándo hay una historia que te gusta, cuándo te llega y cuándo no. Eso lo tienes integrado, aunque luego no seas capaz de expresarlo, porque para eso necesitas adquirir una herramienta de lenguaje. Entonces, confío 100% en la inteligencia del espectador y lo trato como me gustaría que me tratasen a mí. Yo te planteo un universo y tú navegas en él como quieras. Es una carta abierta a que entres. Piensa en cuando éramos pequeños y alguien te quería enseñar algo por la fuerza: lo que más rechazo te generaba precisamente era que te intentasen enseñar algo por la fuerza sin tú haberlo transitado o aprendido antes. Y esto es lo que me gustaría ver a mí. Entonces entiendo que habrá más gente a la que le gustaría verlo. Y ya está.