Nuestras favoritas de la cara B de la 79ª edición del Festival de Cannes
Este sábado concluyó la 79ª edición del Festival de Cannes, un año que, como es habitual, ha reunido muchas propuestas interesantes más allá de los nombres grandes de la Competición de la Sección Oficial. La programación de secciones como Una Cierta Mirada, Fuera de Competición, Proyecciones Especiales o, la sección paralela de la Quincena de Cineastas, suelen quedar en segundo plano durante la cobertura mediática del festival, pero ahí aguardan algunos de los largometrajes más estimulantes.
Desde nuestra experiencia en el festival, al que hemos podido asistir todas las redactoras de VAGALUME, proponemos reivindicar precisamente algunas de esas películas de la cara B de Cannes, con la intención de ponerlas en el radar de lxs lectorxs antes de su estreno. Estas fueron nuestras favoritas.
Una Cierta Mirada
Club Kid (Jordan Firstman, EEUU, 2026)
El protagonista de Club Kid (2026), de un día para otro, descubre que tiene un hijo y se ve obligado a aprender a ser padre. Una premisa que remite a películas como Un papá genial (Dennis Dugan, 1999), Papá por sorpresa (Andy Fickman, 2007): variaciones de un mismo hombre inmaduro cuya vida hedonista entra en crisis cuando aparece, de golpe, una responsabilidad afectiva imposible de ignorar. Pero en Club Kid hay una diferencia fundamental: pone en el centro a un hombre gay de Brooklyn y promotor nocturno, profesión que le ha llevado a una vida descontrolada de fiesta y drogas, hasta que una mañana aparece su hijo de diez años hasta entonces desconocido y decide hacerse cargo de él. Este protagonista es Peter, interpretado por el cómico Jordan Firstman, que también debuta como director en este largo.
El debut de Firstman como director es una refrescante comedia queer que reflexiona también sobre la romantización del consumo de drogas y del mundo de la noche, y sobre cómo eso puede aislar y/o anclar a uno, especialmente en un contexto LGTBIQ+. Club Kid se despliega como un rayo de esperanza que plantea la existencia queer a través de la posibilidad de una transformación íntima, en la que Peter aparece como un hombre que simplemente intenta convertirse en alguien mejor. Con ello, Firstman consigue un elegante equilibrio entre humor afilado y tremendamente actual (y queer) y momentos de una carga emocional inesperada que inunda la cinta de vulnerabilidad. En la sala, la sensación era la de estar ante una película que pedía ser vista allí, en ese momento, y que probablemente encontrará un recorrido amplio ahora que A24 ha adquirido la cinta por 17 millones de dólares.
Frame de Club Kid (Jordan Firstman, 2026)
Texto escrito por Jana Oteo Carceller
Fuera de Competición
Full Phil (Quentin Dupieux, Francia, 2026)
Quentin Dupieux sitúa Full Phil (2026) en un hotel de lujo parisino donde unas vacaciones padre-hija empiezan a contaminarse poco a poco con lo absurdo. Madeleine Doom (Kristen Stewart) es una insolentísima treintañera que comparte habitación con su padre, Philip (Woody Harrelson), un poderoso empresario con el que mantiene una relación tensa y difícil de recomponer, pese a la insistencia de este. La película introduce desde el inicio un elemento de extrañeza ligado al abuso y al absurdo, como la ingesta continua de comida comida o el recurrente visionado de un DVD que reproduce una subtrama que copa buena parte del metraje. El relato va oscilando entre situaciones domésticas y estallidos de humor absurdo, en los que lo trivial adquiere una importancia desproporcionada y desencadena consecuencias inesperadas (y ridículas, estúpidas, irreverentes e hilarantes).
El conflicto entre padre e hija se convierte en el eje central de la película, aunque siempre filtrado por el tono irónico característico del director. La presencia de Lucie (Charlotte Le Bon), empleada del hotel, introduce una mirada externa que observa la dinámica familiar desde una posición cada vez más sospechosa, contribuyendo a la sensación de que algo no encaja del todo en la realidad de los personajes. Sin abandonar el estilo minimalista y la precisión rítmica, Full Phil consigue crear un mundo donde lo absurdo parece formar parte natural del funcionamiento de las cosas. Y, para ser completamente sinceras, en un festival donde te encuentras viendo cinco películas al día (con total consciencia de tu privilegio) consigue ser una bacanal de diversión y liberación en un año en el que gran parte de la selección de Cannes se caracteriza por largometrajes de bastante densidad.
Frame de Full Phil (Quentin Dupieux, 2026)
Texto escrito por Antía Freire
Quincena de Cineastas
La Perra (Dominga Sotomayor, Chile-Brasil, 2026)
Una mujer, que se gana la vida recogiendo algas y limpiando casas, adopta a un cachorro después de que la madre de este desaparezca, probablemente ahogada en el mar. La premisa de La perra podría anticipar una historia manida, de esas que utilizan la relación entre perros y humanos como atajo para hablar de la ternura, o la familia escogida, o el aprendizaje. Pero Dominga Sotomayor, en su libre adaptación de la novela de Pilar Quintana, evita cualquier facilidad melodramática en favor del misterio y la ambigüedad moral. La perra Yuri no es aquí una herramienta para la progresión moral de Silvia (Manuela Oyarzún), sino que observamos a ambas desde la misma distancia: la cámara se acerca y las sigue en su cotidianidad, juntas y separadas, pero su mundo interno permanece no verbalizado y es solo legible desde sus acciones. Al establecer una relación simétrica, casi especular, entre ambas, Sotomayor no retrata tanto lo que hay de humano en los animales, sino lo que hay de salvaje e inaprensible en nosotros.
Este espíritu enigmático se palpa también en el paisaje, cuya presencia domina el largometraje. A partir de localizaciones repartidas en distintos puntos de Chile, Sotomayor construye un puzzle geográfico, un paisaje inventado y mítico que guarda bien sus misterios y en el que los personajes aparecen y desaparecen, como si los perdiéramos de vista en la lejanía de la costa escarpada. Recuerda así a lo que el teórico Mark Fisher identificaba como "lo espeluznante": es un espacio atravesado por la alteridad, del que intuimos una agencia cuya naturaleza escapa a nuestra comprensión. Humana, perra y paisaje son, en definitiva, impenetrables, y sobre ellos se sostiene un largometraje enigmático e incómodo cuyas imágenes se cuentan entre lo más memorable del Festival de Cannes.
Frame de La Perra (Dominga Sotomayor, 2026)
Texto escrito por Sara Gancedo
Una Cierta Mirada
All the Lovers in the Night (Yukiko Sode, Japón, 2026)
Basada en la novela homónima de Mieko Kawakami, publicada en 2011, All the Lovers in the Night (Yukiko Sode, 2026) sigue a Fuyuko, una correctora autónoma que vive una vida solitaria en Tokyo. Aunque dedica la mayoría de su tiempo y esfuerzo a su trabajo, es consciente de que siempre habrá algún error en el manuscrito que se le escape y que terminará apareciendo en la publicación final del texto. Para sobrevivir los pocos encuentros sociales a los que va más por obligación que por placer, siempre lleva sake en un termo, pero todo cambia cuando conoce a Mitsutsuka, un profesor de instituto, con el que conecta hablando sobre la física de la luz.
All the Lovers in the Night es un retrato de una soledad tan arraigada que, aunque su protagonista anhela profundamente una conexión humana trascendental, la aísla emocionalmente incluso de quienes quieren estar cerca de ella. A través de una fotografía luminosa y una narrativa meditativa, la obra de Yukiko Sode explora el miedo de abrazar el romance cuando realmente aterra, por no saber lo que es, y cómo esto dificulta mantener vínculos tanto amorosos como platónicos en la adultez. Pese a la torpeza que tienen los personajes a la hora de expresarse, en ciertos momentos la película recuerda a la intimidad conversacional del cine de Richard Linklater y la melancolía de Noches blancas de Fiódor Dostoyevski, al retratar relaciones fugaces pero profundamente transformadoras.
Frame de All the Lovers in the Night (Yukiko Sode, 2026)
Texto escrito por Natalia Hermens Fernández
Proyecciones Especiales
Rehearsals for a Revolution (Pegah Ahangarani, España-Rep. Checa, 2026)
Un diario íntimo capitular donde la yuxtaposición entre distintos formatos de archivos, junto con la voz en off de la autora, retratan su vida atravesada por la política de Irán. La directora se acerca a la historia de su país más desde lo ensayístico que desde lo puramente documental y encuentra tanto la forma de rendirle homenaje a su padre con fragmentos que él rodó junto a su mejor amigo en Super 8, como mostrar -con vídeos de su iPhone- la manera en la que vive desde Europa la guerra en su Irán natal. A partir de la arqueología de los archivos en su puesta en escena, Pegah indaga en la conjugación inseparable entre lo personal y lo político.
Rehearsals for a Revolution retrata con una honestidad abrumadora que solo se produce en primera persona para mostrar su historia como mujer iraní; donde su quehacer cinematográfico como actriz y cineasta se mezcla con los conflictos que perforan constantemente a Irán. Su documental reconstruye con una diversidad de imágenes y la claridad de su voz, desde las silenciadas heridas familiares que causó la Revolución Iraní del 79’, hasta su presente en el exilio, causado por su implicación en el perseguido Movimiento Verde. De esta forma, Pegah, en un acto de valentía y honestidad, expone la contradicción que actualmente habita: velar por su maternidad en el extranjero y, a su vez, observar con impotencia la guerra que vive su familia a día de hoy.
Frame de Rehearsals for a Revolution (Pegah Ahangarani, 2026)
Texto escrito por Jazmin Aliaga