Simón Mesa, director de “Un poeta”: “Cuando voy a hacer una película, tengo que pensar si va a gustar en Europa, porque si no no se financia”

Simón Mesa Soto, director de “Un poeta” / Fuente: Atalante

Llega a las salas españolas Un poeta (Atalante), la última película del director colombiano Simón Mesa Soto que ganó el Premio del Jurado Un Certain Regard del Festival de Cannes en 2025. La película, que fue la candidata colombiana en los premios Oscar este año, ha sido todo un fenómeno de taquilla en Colombia, superando los 250.000 espectadores. Con motivo de su estreno en España, hemos podido conversar con su director.

¿Por qué quiso contar esta historia a partir de la poesía y no desde otra disciplina artística?

En 2014 empecé a acercarme el universo de los poetas, fui a lecturas de poesía y dialogaba con ellos. La poesía está muy presente en Medellín, y la escena bohemia siempre me ha parecido muy interesante, no sólo los poetas, sino también escritores, músicos, cineastas… una subcultura que está en la biblioteca o en la cantina; aquí estos personajes no son de la aristocracia, sino que habitan en lugares comunes. Yo soy parte de la ciudad, estoy expuesto a ello y cuando los veo me parecen unos personajes bastante interesantes, sobre todo los más perturbados, los que idealizan más el arte y la intelectualidad. Cuando pensé en hablar de la frustración que sentí después de terminar mi primera película, de retratar eso en un personaje, pensé en esos poetas. La poesía es más un pretexto para hablar de ello y sentía que la película adquiría una estética y una forma muy interesantes a través del universo de los poetas.

Hay un momento en el que se le dice a Óscar que tiene que escribir sobre “drogas, violencia… esas cosas que le gustan a los europeos”. Esta película y su éxito internacional parecen oponerse a esa idea. ¿Diría que Un Poeta es una respuesta consciente a esa expectativa?

Ese es un dilema al que siempre nos enfrentamos. En Colombia pareciera que cuando vas a escribir un guion tienes que agarrarte a unos temas concretos para llamar la atención, leer la señal de los tiempos, y muchas veces eso no representa una buena obra. Hay películas malísimas pero que tocan temas llamativos y crecen por ello, y son temas importantes sin duda, pero también puede ser utilitarista. Yo quería un poco jugar con ello, hablar de esta limitación de libertad, ponerlo sobre la mesa en la película y hacerlo incómodo. Me parecía interesante aludirnos a nosotros mismos, una forma de liberarse, y la comedia lo permitía.

Ubeimar Ríos interpretando a Óscar en “Un poeta”

La película abre el debate sobre “qué debemos escribir”: lo personal o lo que la gente quiere. Esto se materializa cuando Yurlady presenta su poema y vemos cómo “los temas importantes” pueden corromper el arte. ¿Es una tensión que siente también usted en su trabajo como cineasta?

A mí me pasa, y eso elimina o limita mucho mi libertad. Cuando me siento a pensar qué película hacer tengo que pensar en ello porque si no la película no tiene una trascendencia o no se financia. Muchos de los recursos de financiación en el cine latinoamericano vienen de Europa; entonces, hay que pensar bien cómo presentar un proyecto y si va a gustar. A mí no me gusta ver mi película como una crítica, sino un poco como un espejo para preguntarnos cómo hacemos lo que hacemos. Claro, en el caso de Yurlady, los temas se vuelven otra vez una forma de explotar eso. Sentía que al final lo importante es ser una buena persona y tener las condiciones para vivir tranquilo, que es lo que no existe en Colombia, donde hay mucha gente que no las tiene, y es una lástima.

Ya no solo destaca lo distinta que es a nivel temático, sino también la puesta en escena se desvincula mucho del cine colombiano popular. ¿Qué buscaba con esos movimientos de cámara, zooms y cortes bruscos?

La idea era hacer lo opuesto a lo que había hecho antes, que venía de un cine más formal y convencional en cuanto al cine autoral latinoamericano. Buscaba algo que no existía para mí, y al mismo tiempo quería hacer una película caótica y rara, con una narrativa muy álgida. Al pensar en esos elementos y en ese personaje lleno de demonios, fue algo muy orgánico poner la cámara desde su punto de vista, y de este modo otorgarle esa irreverencia a la estética. Creo que funciona muy bien con el personaje y sus locuras, pero al mismo tiempo le da eso que yo quería, que era sacudirme de lo que había hecho hasta ahora y hacer algo de lo que no tuviera un referente marcado.

 

¿Por qué filmar en 16 mm? ¿Qué le permitía ese formato que no le daba otra?

El formato de 16 milímetros era otra forma de retarnos, de hacer algo raro, pero al mismo tiempo buscábamos que se viera clásico. Este señor está en el pasado, se quedó en los libros antiguos, en su juventud. Entonces es una película que sucede en la actualidad, pero que parece narrada desde el pasado.

 

Formato 16 mm en “Un poeta”

Óscar es un hombre fracasado, sensible, llora mucho… Cuesta ver un protagonista masculino con estas características. ¿Le interesaba explorar esa fragilidad con este protagonista?

Veo una tendencia actual de reflexionar sobre cómo abordar la masculinidad como hombres. Para mí significaba tener fe en mí, como dice el poeta al final, saber que tengo muchos problemas; como hombre estoy plagado. Me gusta analizarme y aprender a ser mejor persona, que para mí es el acto más noble que un humano puede hacer. Óscar soy yo; todos mis dilemas están ahí y quería que Óscar fuera una persona llena de problemas, pero que intentaba ser una mejor persona. Quería tener fe en él, como quería tener fe en mí.

“Óscar soy yo; todos mis dilemas están ahí y quería que fuera una persona llena de problemas, pero que intenta ser una mejor persona”.

La película, a pesar de estar protagonizada por un hombre, se mueve y se moldea a partir de sus interacciones con las mujeres que le rodean. ¿Eso fue algo intencionado o le salió así al escribir el guion?

A mí no me interesaba que el tema central fuera la condición de hombre de Óscar, ni levantar ninguna bandera, sino contar la historia de forma natural. Quería poner a ese señor frágil y lleno de errores rodeado de estos personajes que lo llevan a entender cosas, que fueran la fuerza que le hiciera cambiar, y curiosamente eran todas mujeres. Me parecía suficiente porque ya estaba ahí todo lo que necesitaba contar. Todas son mucho más racionales que él, lo mueven y lo transforman y eso era importante para mí, aunque quería contarlo de una manera muy sutil y no quería que la historia se contara a gritos.

 

Hay un momento muy curioso en la película en el que Óscar se pinta un corazón en el pecho. ¿Cómo surgió esa escena?

José Asunción Silva, el poeta que Óscar tiene colgado en la pared, se suicidó a los 31 años en Bogotá. Estaba deprimido, hubo varias muertes en su familia, pero sobre todo le preocupaban unas deudas muy grandes que tenía. Un día antes fue al médico porque necesitaba algo para dormir, y en esa visita le pidió que le indicara el lugar exacto donde está el corazón y el médico le hizo una marca en el corazón. Se dice que lo pidió con la intención de saber dónde quedaba para pegarse el tiro como eventualmente hizo. Este momento es una referencia directa a José Asunción y a la forma como se suicidó. Me pareció muy interesante la idea del dibujo en el pecho cuando supe esto y me gustó cómo Óscar se veía reflejado en él en todo sentido.

Óscar con un corazón pintado en referencia a José Asunción Silva

Parte del humor y de los personajes reconocibles reside en el trabajo con actores no profesionales, incluso Ubeimar Ríos (Óscar). ¿Qué cree que aportó eso a la película?

El 60% de actores fueron no profesionales y el 40% profesionales. La idea era una mezcla que creara esa sensación de realismo. Yo no diferencio ya mucho entre formados y no formados; creo que la habilidad para actuar en una película no está directamente ligada a la formación. En Colombia hay una tradición muy fuerte del teatro y la televisión que ha hecho que algunos actores no funcionen para el cine. En cambio, el actor no formado está desprovisto de cualquier técnica y eso es lo que busca un director: un actor que sea, no que actúe. Pero también uno busca al personaje, y a Óscar primero lo busqué en actores formados. De hecho, cuando encontré a Ubeimar Ríos no sentía que fuera Óscar, porque era demasiado único; yo me lo imaginaba más común, menos caricaturesco, y era un riesgo llevar la película hacia un personaje con formas tan particulares. Cuando estábamos intentando financiar la película, la gente no empatizaba tanto con el personaje en el guion, y era porque Ubeimar todavía no estaba ahí, estaba yo tal vez, pero  cuando entró él entregó eso que es el personaje y fue un gran hallazgo porque ha hecho que la gente conecte mucho con Óscar.

“Los poetas en Medellín no pertenecen a la aristocracia, se encuentran en la cantina o la biblioteca”

¿Hubo lugar para la improvisación o se siguió el guion tal y como era?

En los ensayos sí que podíamos jugar con la improvisación, porque sabíamos que en el rodaje no podríamos, ya que al filmar en 16 milímetros no podíamos hacer muchas tomas. Para mí es una película de guion, está muy definido; sin embargo, cuando estábamos ensayando las escenas, sí que se introdujeron diálogos que los actores integraron. Ubeimar salía con diálogos graciosísimos que luego aparecen en la versión final. Esos procesos de casting y ensayos son muy bellos porque tú todavía estás escribiendo y cambiando el guion y se va viendo afectado.

 

Rebeca Andrade en el papel de Yurlady

Quería preguntarle sobre rodar en Medellín. ¿Qué características de la ciudad fueron importantes de retratar en la peli?

Me interesó narrar la ciudad a través de los personajes, ya que para mí es una película de personajes. Cada uno es el espacio que habitamos, y usualmente en Colombia se habla mucho del territorio como el espacio social que habitamos. Un personaje tiene una forma de ser y una vida; uno sigue a ese personaje y es él quien nos muestra los espacios y los paisajes. La película se limita a seguirles, pero ellos habitan la ciudad, entonces es inevitable encontrar a Óscar en un lugar de poetas en el centro de la ciudad, o a Yurlady en un barrio de Medellín porque es su espacio. De hecho, fue una decisión deliberada el evitar el paisaje, aunque sale, pero sale un marco de un retrato del personaje, porque la cámara les está siguiendo.

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