74SSIFF: Soñar, soñar

Fotograma de La ilusión de un verano sin fin (Alejandra Sanguinetti, 2026)

Personajes de películas argentinas mirándose entre ellxs con angustia. El sonido del proyector pasando de un fotograma a otro. Se escucha la voz de Juan Minujín diciendo: “¿Te imaginas un mundo sin películas? En Argentina el 1 de Enero de 2028 entra en vigor la ley que desfinancia al INCAA y destruye al cine argentino, exijamos su derogación”. Así comenzaba el spot que la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de la Argentina proyectaba antes de cada película nacional durante la 74º edición del Festival de San Sebastián. Con una industria cinematográfica completamente machacada por el gobierno de Milei y la presidencia de Carlos Pirovano en el INCAA, la presencia de películas argentinas tuvo mucha resonancia en el festival. En cada una de ellas, la mirada directa de sus protagonistas a cámara adquiere un valor singular fuera de la película en sí misma, interpelando directamente al espectador y dejando vislumbrar lo más difícil de arrebatar: los sueños de lxs personajes. 

Documentales como el de Alejandra Sanguinetti, La ilusión de un verano sin fin (Sección Horizontes Latinos), demuestran una capacidad conmovedora a la hora de conectar con el público. El documental narra, con archivos grabados a lo largo de los años por Alejandra, la vida de dos primas en el campo de Buenos Aires. Así, deja vislumbrar, con muchísima ternura, las vicisitudes de crecer en un entorno rural, donde Guillermina (Guillermina Aranciaga) y Belinda (Belinda Stutz) se maquillan, visten y posan para las fotos que les hace Sanguinetti, previamente publicadas en 2006 en el fotolibro Las Aventuras de Guille y Belinda y el Enigmático Significado de sus Sueños. En estas instantáneas, las niñas se meten al río y dejan las bombachas sacarse al viento, conversan sobre cómo se imaginan a sus novios en la adolescencia mientras trabajan en sus campos y hasta llegan a ser madres. De adultas, viajan a París para otra sesión de fotos de Alejandra, retomando y prolongando sus poses en esa ilusión eterna por la performance. Las miradas de Belinda y Guillermina a cámara en las grabaciones dejan entrever, a veces, la alegría de sus juegos en la infancia, y otras, la amargura de algunos sueños irrealizados en la adultez.

Fotograma de El Tren Fluvial (Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale, 2026)

Otra película que remarca la mirada a cámara, aunque desde la soledad, es el debut de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale, El Tren Fluvial (Sección Horizontes Latinos). Con una puesta en escena que remite y hace honor al cine de Leonardo Favio por su magistral oniricidad, la película narra el sueño de Milo (Milo Barria), un niño bailarín de malambo de la Provincia de Buenos Aires que sueña con irse a la capital a trabajar como artista. La dirección de Vignale y Ferro, retrata a través de un enigmático viaje en tren la huida de Milo, que se transforma en su recorrido al blanco y negro y, junto a la compañía de una voz en off, narra el más profundo sentir de su protagonista desde una poesía sonora y un inmenso plano secuencia de las vías del tren. En su travesía, Milo se encuentra con extravagantes personajes, desde un Jesucristo que juega a la pelota, hasta un hombre dormido que le da instrucciones a través de sus auriculares, o dos amantes que lo alojan en una pensión a cambio de que él audicione para una obra de teatro como forma de pago. La película, entonces, tuerce su puesta en escena a la lógica de la magia del ir y volver por un sueño, permitiéndose hacerlo desde la inocencia más truffautianamente picaresca de Milo. En la mirada de Milo inicial como respuesta al “No piense, diga gaucho” dicho por su padre (y entrenador), se esconde la soledad que lo atraviesa tanto en la familia como en su mundo construido alrededor del malambo, llevándolo así a soñar al máximo y, junto con él, a la propia oniricidad de la película.

Fotograma de A veces me entra tristeza, otras veces rebelión (María Aparicio, 2026)

Por último, A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, de María Aparicio (Sección Competitiva Zabaltegi-Tabakalera), deja que la mirada a cámara la atraviese desde testimonios migratorios. La película narra el encuentro de Eva (Eva Aparicio) y Dante (Roger Koza) en Madrid, mientras él hace una investigación del Informe del estado de las clases obreras en Argentina (1904) de Juan Bialet Massé y, Eva -como directora y actriz-, vuelve de un festival de cine en Francia. En esa suspensión temporal, la película de Aparicio, propone una formalidad narrativa prolija y fructuosa en referencias pictóricas, como el encuentro de ambos en el Museo Reina Sofía, donde Dante la busca pasando por el Guernica y Eva huye entre cuadros de Dalí. Sin embargo, más allá de la inquietud artística y autoconsciente que posee la película sobre sí misma, lo que la vuelve una excentricidad es la salida de ese academicismo artístico luego de una conversación que tienen Eva y Dante en una playa de Barcelona. Allí, discuten sobre la utilidad de la práctica artística en las formas políticas actuales. La movilización que genera esa escena en Dante es tanta, que transforma la película, haciéndola continuar con los videos que él graba entrevistando a migrantes sobre su situación laboral en España. La mirada de cada unx de lxs entrevistadxs a cámara relatando sus trabajos al llegar (o sus trabajos actuales), dan cuenta de haber atravesado trabas burocráticas y condiciones laborales paupérrimas en pos de una calidad de vida mejor o un sueño, como los ojos de Anita Flore (ella misma), cantante africana callejera que se dedica a musicalizar los parques de Madrid y el final de la película. 

Las miradas que atraviesan estas películas argentinas en el Festival de San Sebastián pueden connotar ternura, soledad, desilusión o conmoción. Aunque cada una de ellas se ancle a su respectiva lógica fílmica, es posible insertarlas en un contexto político donde su potencia significa aún más en conjunto. Así, el gesto fílmico de mirar a cámara adquiere otra dimensión al condensar esa insistencia en los sueños más allá de las condiciones que los permean.

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74SSIFF: Filmar lo que no se recuerda